23 HORAS DE ENCIERRO: EL “ENLOQUECEDOR” MÓDULO F DE LA REFORMA

Locura, ansiedad, frustración, locura, locura…

El privado de libertad Alejandro Valverde Cubillo repite tres veces “locura” cuando describe sus días en cautiverio.

Este padre de cuatro niños y condenado por robo agravado es uno de los 38 reclusos del ámbito F del Centro de Atención Institucional La Reforma, conocido como “Máxima Seguridad Vieja”.

Lavar, defecar, ver tele, llorar, soñar, recordar.

Todo lo hacen desde el confinamiento de su celda. El único contacto con otros seres humanos es con los guardas penitenciarios o a través de gritos con sus vecinos de calabozo.

Allí en celdas de tres metros cuadrados los culpables de violar la ley cumplen su castigo: 23 horas de encierro, una de sol.

Declarados culpables por robo, hurto y homicidio, los reclusos no están en este módulo por peligrosos sino por su difícil convivencia con otros reclusos, en síntesis: tienen disputas y deudas que les pueden costar la vida.

Así lo narra Idak Masís, que ingresó a la cárcel a los 18 años; ahora tiene 36, los últimos 10 los ha vivido en Máxima Seguridad.

La reubicación de los privados de libertad tardará meses, serán trasladados a otros centros a convivir con otros reos, la idea es acercarlos a la “normalidad”.

En el sitio donde está “Máxima”, el cual data de 1976, se abrirá un nuevo módulo con talleres para los reos mejor portados.

Sigue el encierro, pero uno diferente, uno más humano, al menos eso dicen los que están del otro lado de las rejas, del lado de la libertad.

Texto por Alonso Mata.

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